"Una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad ni libertad". (Milton Friedman)
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Sobre la Red 2.0
28 de Enero 2004
El totalitarismo no necesita tecnologías
Acerca de las tecnologías de control y vigilancia, escribe Pepe Cervera en su "Retiario" de El Mundo.es que: "la posibilidad de un futuro sin privacidad y sometidos al estricto cumplimiento de leyes a veces absurdas es lo bastante alarmante como para prestar atención". Coincide con Richard Stallman que, en una entrevista con David de Ugarte, dijo: "Hay buenas razones para la tecnofobia, las computadoras conllevan el peligro de un estado totalitario como nunca". Este padre del software libre fue un paso más allá que el periodista español y apuntó directamente al actual Gobierno de EEUU (claro que Stallman ha recuperado, para llevarlo al mundo informático, el peor discurso proudhoniano).
Uno y otro, sobre todo el estadounidense (que sufre la patología típica de la extrema izquierda norteamericana de odiar todo lo que representa su país) olvidan que las nuevas tecnologías pueden ayudar a los regímenes totalitarios, pero que estos no las necesitan. Los dos sistemas de este tipo más sangrientos que han existido, el nazi y el soviético, no disponían de los avances hoy en día existentes pero eso no les impidió tener un control absoluto de la actividad diaria de todos los habitantes sobre los que gobernaban.
De hecho, los regímenes totalitarios que todavía siguen en pie (el castrista en Cuba o el de Gadafi en Libia, entre otros pocos) mantienen un control absoluto de su población, a pesar de estar muy retrasados respecto a las democracias occidentales en todos los aspectos, en especial en el tecnológico. Su efectividad se basa en el miedo, la delación y la creación de "comités revolucionarios" (con ese u otro nombre) que llegan al nivel de una calle o incluso un portal y mantienen constantemente informadas a las autoridades de cualquier "desviación" de un vecino. Los avances tecnológicos en manos de gobiernos totalitarios pueden ayudar a las autoridades a mantener un control más férreo. Pero no pueden limitar las libertades, puestos que en los lugares que los sufren estas ya no existen.
Cervera y Stallman fallan en sus predicciones. En los países democráticos las nuevas tecnologías por el momento sólo han traído más libertad. Por su propia naturaleza, nuestros sistemas políticos disponen de mecanismos para impedir que la situación cambie. Mientras la ciudadanía no acepte un recorte de sus libertades, las tecnologías no pondrán en peligro las libertades de quienes disfrutan de la democracia.
Ignacio Ramonet es, como otros totalitarios de vocación, un revolucionario de salón que se dedica a predicar solidaridad en clave ultra-izquierdista y a atacar al liberalismo y los estados democráticos al tiempo que trata de ganar dinero y difunde sus ideas gracias al capitalismo y la democracia que tanto parecen disgustarle. Vamos, que es un pequeño George Soros de los medios de comunicación en versión hispano-francesa.
En el último sermón que nos dirige a través de la versión española de Le Monde Diplomatique, Ramonet nos ofrece, con la excusa de la Cumbre Mundial Sobre la Sociedad de la Información, su visión de cómo es Internet y cómo debería ser. Nada nuevo, utiliza la Red para machacar con el discurso que ha hecho de su publicación la Biblia del perfecto progre antiglobalización europeo.
Repite la falacia de que cada nuevo avance tecnológico ayuda a dejar cada vez más descolgados a los países menos desarrollados. Ha sido precisamente la apuesta por la tecnología y por una economía capitalista la que ha permitido que países como Corea del Sur o Taiwán alcancen unas cotas de prosperidad dignas de mención. Partieron del mismo punto que sus vecinos comunistas y lograron un crecimiento espectacular, mientras que Vietnam o Corea del Norte siguen en la más absoluta pobreza.
Ramonet no duda, como tantos otros de su tipo, en defender cosas contrarias. ¿En qué quedamos? ¿La ICANN depende directamente del Gobierno de EEUU o es algo totalmente privado? En el sermón nos dice ambas cosas, y en los dos casos le parece mal. Él tiene claro cómo tiene que funcionar: debe depender de la ONU. Como argumento de autoridad, nos recuerda Berners Lee (como si no pudiera equivocarse) defendió esta idea, pero obvia decir que los países que más insistieron en la propuesta fueron algunos tan liberticidas como China y Cuba.
Por supuesto, Ramonet predica la solidaridad forzosa. Pretende que, sin que se nos pregunte y privados del derecho a saber que se hace con nuestro dinero, que paguemos a la fuerza un supuesto desarrollo de las Tecnología de la Información los países menos avanzados. Da igual que algunos de los dictadores se opongan a esas mejoras en sus países o sean quienes convierten Internet en un lujo.
Dos eurodiputados han mostrado más dignidad que el resto de sus compañeros y la práctica totalidad de los legisladores y gobiernos de los estados miembros de la UE. La liberal finlandesa Astrid Thors y el verde francés Daniel Cohn-Bendit han criticado que la segunda fase de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información se vaya ha celebrar en Túnez, país que no respeta los más elementales derechos humanos y cuyo régimen dictatorial tiene la costumbre de encarcelar internautas.
Produce alivio saber que en el Parlamento Europeo se alzan voces contra el regalo que hace la ONU a una dictadura al concederle la sede de ese encuentro. Thors y Cohn-Bendit se han convertido en la voz de la dignidad. Sin embargo, no resulta osado que su protesta no llevará a ningún sitio. Tanto las autoridades comunitarias como los gobiernos y parlamentos de los estados miembros rechazarían, si alguien se atreviera a promover una iniciativa de este tipo, boicotear las reuniones de Túnez. Esta sería la única opción decente por parte de las democracias, pero no lo veremos.
El hecho de ser uno de los padres de Internet no libra a Tim Berners Lee de poder equivocarse, y esta vez lo ha hecho. Tal vez por querer mantener un discurso políticamente correcto, Berners Lee ha hecho un gran favor a las dictaduras y ha atentado contra la libertad en la Red al pedir que la ICANN esté mas vinculada a la ONU. El insigne, y en otros aspectos admirable, Berners Lee debería plantearse que su postura coincide con la de regímenes dictatoriales como el de China y Cuba, países que han dado muestras sobradas del tipo de Internet que desean: control total absoluto por parte del estado y ausencia de libertad de expresión.
Este "padre de Internet" dice que la ICANN "no debería estar controlada sólo por Estados Unidos". Se vuelve a equivocar, que tenga su sede en ese país no significa que esté controlada por su Gobierno. Como dice Daniel Rodríguez Herrera, el hecho de que esté situada en EEUU tiene ciertos riesgos, pero estos son muchos menores que si estuvieran en manos de la ONU, un organismo "numéricamente dominado por dictaduras deseosas de eliminar de la red a esos molestos librepensadores que se obstinan en llevarles la contraria".
Nos enteramos de que "Amnistía Internacional pide una legislación más clara que impida el acceso de los menores a los videojuegos violentos, que son legales, pero que no se diferencian del resto, dijo Susana Fernández, de Amnistía Internacional." Nacho Escolar propone un interesante ejercicio intelectual: sustituir la palabra "videojuegos" por "libros". El resultado no puede ser más aterrador, y cualquiera pondría en el grito en el cielo por una propuesta como la resultante.
Una asociación que se define como defensora de los derechos humanos está proponiendo simple y llanamente la censura y una política claramente totalitaria por parte del Gobierno. Amnistía Internacional (AI) pretende que el Estado se introduzca en el ámbito de lo doméstico para ejercer una labor que corresponde a cada ciudadano: el control de aquello a lo que pueden acceder los hijos.
Resulta ilustrativo que no salten voces de alarma por la propuesta de AI. Es de agradecer que la única persona que se ha quejado sea alguien claramente de izquierdas, cuando desde ese ámbito político se suele tener auténtica pasión por Amnistía Internacional. Esta claro que en la sociedad española existe un muy extendido sentimiento tecnófobo. Se puede pedir la censura en cualquier ámbito de las Nuevas Tecnologías sin que nadie proteste por ello.
AI debería recordar que existe un código de autorregulación por el cual los fabricantes y distribuidores de videojuegos informan en la carátula de sus productos sobre los contenidos no aptos para menores y las edades recomendadas. Algo, por cierto, que no ocurre en otros productos culturales (hasta algunos políticos reconocen que los juegos de ordenador también tienen valor en este aspecto) y de entretenimiento como libros o comics.
El cine, la literatura, los dibujos animados y los tebeos dedicados a los niños y adolescentes siempre han estado llenos de violencia. Basta con pensar en uno de los iconos del nacionalismo francés, Asterix: un personaje que, junto con sus amigos, se dedicaba a pegar terribles palizas a sus enemigos. Sin embargo, ni a AI ni a ningún otro se le ocurriría pedir que "una legislación más clara que impida el acceso de los menores" a las aventuras del pequeño galo, con las que han disfrutados varias generaciones de niños de todo el mundo.
Sin duda es una buena noticia la libertad condicional de Zuhair Yahiaoui, periodista tunecino torturado y posteriormente condenado por criticar a través de la Red al régimen dictatorial de su país. De todos modos no hay que bajar la guardia, pues Internet sigue sin ser libre. De hecho, gracias a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) corre el riesgo de serlo cada vez menos.
No me cansaré de desear el más absoluto fracaso de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, organizada por la UIT. Este encuentro es una auténtica vergüenza y hace a los gobiernos democráticos cómplices de los liberticidas. No sólo va a celebrarse la segunda fase de reuniones en Túnez (un buen regalo para un país que encarcela internautas). La primeras fase, que tendrá lugar en Ginebra, va a contar con la presencia de personajes como Fidel Castro y Jatami, cuyos regímenes tienen someten a la Red a fuertes controles.
Algunos países ya han dejado clara su intención de impedir que las conclusiones de la Cumbre incluyan menciones claras a la libertad de expresión. Esto deja claro que el único acuerdo posible es uno que limite los derechos de los internautas. Es de esperar que no se llegue a ningún punto común, de lo contrario las democracias se volverán cómplices de las dictaduras.
Un sábado a la hora del vermut, hace ya varias semanas, surgió en una conversación entre Daniel Rodríguez Herrera, David de Ugarte y yo la idea de crear un directorio en el que poner un poco de orden al liberalismo hispano presente en Internet. Este fin de semana nos hemos puesto manos a la obra y, tras muchas horas delante del ordenador, hemos cartografiado lo que en la Red existe producto de las diferentes (y a veces antagónicas) familias liberales y libertarias (no confundir con anarquistas). Así ha nacido LosLiberales.org, un proyecto no partidario para liberales e interesados en aprender sobre este tipo de pensamiento que junto al directorio incluye una bitácora colectiva dedicada a seleccionar y comentar cada día un enlace interesante.
Una características de las ideologías totalitarias es la búsqueda de una utopía que supone una vuelta a un mítico pasado en el que todo era perfecto. Esto ya ocurre, de hecho sucede desde hace tiempo, en Internet. No resulta raro escuchar y leer que las empresas intentan monopolizar la Red para convertirla en un gran supermercado global. Hay quien incluso les acusa de haber transformado un vehículo de comunicación en una fuente de aislamiento, y para terminar con ello llegan a proponer un día sin Internet anual (eso sí, lo hacen a través de un site). Quienes defienden estas posturas sueñan con volver a una inexistente "edad dorada" de Internet donde todo era perfecto. Claro que según ellos era perfecto porque los malvados capitalistas todavía no habían mancillado el ciberespacio.
Cuando hablan de la vuelta de Internet a su sentido original se olvidan de muchas cosas. Obvian sus orígenes militares (ARPANET) y prefieren no acordarse de que, cuando se salió del ámbito de investigación castrense era una red académica que llegaba a muy pocas personas, algo muy alejado de esa Internet que dicen defender. Lo maravilloso de la Red es que se trata de un magnífico vehículo de comunicación que conecta a millones de personas de todo el mundo. Y lo curioso es que, desde que empieza a tener esa característica, ya están presentes las empresas. No se puede negar que algunas compañías hayan tratado, y de hecho siguen haciéndolo, de dominar el ciberespacio con prácticas cuando menos muy discutibles. Pero eso no debe ser excusa para querer expulsar a todas las empresas de Internet y declarar la guerra al comercio electrónico.
En Internet hay sitio para todos. Para quienes buscan ganar dinero (en muchos casos lo han perdido) y para quienes pretenden simplemente comunicar e intercambiar opiniones e ideas. Puede no gustar el cobro por contenidos, pero por cada sitio que los practica hay cientos de webs gratuitas. La Red es lo suficientemente grande como para alojar negocios (en los que se vendan productos, vienes o servicios), ideas, propaganda política o religiosa, entretenimiento y lo que quien se conecte quiera. Querer expulsar a unos u otros es simple totalitarismo, es negar la naturaleza de Internet: un no espacio de libertad donde cada uno tiene derecho a ofrecer y buscar lo que quiera.
Comentaba hace un par de meses el caso de un periodista cubano condenado a 20 años de cárcel por navegar por Internet. Sin duda, es peligroso ser internauta en la isla-cárcel del coma-andante Fidel Castro. Es uno de los casos más radicales, pero no es el único. Reporteros Sin Fronteras titula un informe sobre China: "Vivir peligrosamente en la Net". RSF recuerda las prácticas del régimen de Pequín, que pasan por arresto y condena de internautas, bloqueo de sitios extranjeros, cierre de cibercafés, filtros de todo tipo en foros de discusión. Pero la lista de países con prácticas similares es muy larga, y forman parte de ella estados como. Vietnam, Irán, Túnez y muchos otros.
Solemos pensar en Internet como en un espacio de libertades, y protestamos ante normas que consideramos que pueden recortarlas (como la LSSI española). Está bien que no se baje la guardia en nuestros países, pero no debemos olvidar lo que ocurre más allá de las naciones democráticas. La lucha por una Red libre en los países que sufren dictaduras también forma parte (y muy importante) de la lucha por la libertad en esos países.
Además, Internet, de una naturaleza internacional y reacia a las fronteras, no puede ser libre del todo mientras haya partes que no lo sean.
¿Se imagina que la policía llegara a su casa, le detuviera y después la fiscalía pidiera para usted una condena de 20 años por el "terrible" delito de haber navegado por Internet? Eso es lo que ocurre en Cuba. El régimen de Castro ha detenido a 77 opositores y periodistas independientes, para los que los fiscales piden condenas que van desde 15 años de cárcel hasta la pena de muerte por fusilamiento. Ninguno de los juicios está justificado más allá de la lógica interna de una terrible dictadura, pero el caso de Mario Enrique Mayo es delirante, su único "delito" es haber buscado un lugar para tener acceso a la Red (algo prohibido a los cubanos).
Las 77 detenciones son inadmisibles y muchas de ellas están relacionadas con Internet. Además del caso de Mayo, la acusación contra una gran parte de los periodistas hace referencia a que sus trabajos se publicaban en sitios web, por lo que este post en una blog dedicado a la Red está más que justificado. También lo está por otra razón, aunque ninguna de las injustas acusaciones estuviera vinculada con Internet. Hay un sitio que recoge firmas contra la ola represiva: Firmaporlalibertad.com. No se si conseguirá algún efecto real, pero al menos permite demostrar que hay muchas personas que protestan por lo que está ocurriendo en la Isla.
Los defensores de la LSSI, esa terrible que han impuesto a la Red en España, insistieron e insisten en destacar dos de las virtudes (¿tiene alguna más? yo creo que no) que contiene la norma: la prohibición del spam y la consideración de Internet como un servicio universal (traducido: tiene que ser accesible desde cualquier punto de España). En diversos artículos insití en que para eso no hacía falta una nueva ley (en la que nos han colado una gran cantidad de medidas indeseables), mantuve en todo momento que era suficiente con adaptar las leyes existentes para que se pudieran aplicar a Internet.
Pues bien, el Ministerio de Ciencia y Tecnología ha venido a dar la razón a lo que yo (y muchos otros) defendía, aunque no han eliminado la LSSI. El proyecto de reforma de la Ley de Telecomunicaciones prohíbe el spam y considera a Internet como un servicio universal. Para esto, nos hubieramos ahorrado la LSSI.
Lo gracioso del caso es que ahora tenemos la misma prohibición en dos normas distintas. Yo me pregunto: en caso de que alguien envíe spam, ¿por cual de las leyes será castigado? O es que se les penalizará por partida doble. Cabe recordar que está prohibido castigar dos veces a una persona por el mismo hecho.